Dormir en la cama de los padres

¿Es bueno que los peques duerman en nuestra cama? ¿Hasta qué edad podemos dejarles sin que se convierta en una costumbre? ¿Puede afectar la relación familiar?

Una nueva corriente de crianza natural cobra cada vez más protagonismo en la educación de los niños, dando especial importancia a seguir el ritmo que marca cada criatura en su crecimiento. A la hora de dormir, también esta tendencia recomienda dejar que los niños, si así lo quieren, duerman con sus padres, porque ganan confianza y seguridad en sí mismos. Sin embargo, otras corrientes educativas ponen de manifiesto el riesgo de que no desarrollen suficiente autonomía y crean que pueden modelar la vida de los demás a su antojo. ¿Cuánto hay de cierto en cada uno?

¿Le dejo dormir conmigo?

De forma ocasional, cuando el niño está enfermo o está pasando una mala noche, puede ser la mejor solución, en parte para calmarle y lograr que duerma, en parte para descansar también nosotras. Y no va a revestir mayor importancia. El problema aparece cuando los niños vienen a la cama a dormir con nosotros porque no logran conciliar el sueño solos, o porque si se despiertan en su cama no quieren permanecer en ella. Una cosa es buscar el consuelo cuando lo necesitan y otra trasladarlo de forma definitiva a nuestra cama, porque no es su espacio ni debe serlo. Tu cama es tuya y de tu pareja, si la tienes, y el niño, sobre todo si ha cumplido ya los cuatro o cinco años, deberá entender que no puede decidir dónde duerme, que cada miembro de la casa tiene su cama y es allí donde puede leer, descansar o jugar un rato. No hacerlo podría provocar problemas de pareja, al interferir en el ritmo sexual habitual, y de celos entre hermanos, que pueden entender que a uno se le quiere más que al otro.

¿Qué hacer?

Que vengan de vez en cuando a nuestra cama no es un drama, y prohibirles que se acerquen o cerrar puertas sólo hará crecer su interés por venirse con nosotros. Si el niño necesita estar en nuestra cama para quedarse dormido, lo mejor será acompañarle en la suya hasta que se duerma, para que entienda que nos tiene en su propio espacio. Si se despierta a medianoche y no quiere estar en su cama y viene con nosotros, algo le inquieta, y será necesario descubrir qué es para tratarlo y solucionar el problema. Si la situación persiste, consúltalo con su pediatra.

Publicado el 14/07/2012

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